Martín Azúa
CREACION EXPLORER
www.martinazua.com
El diseñador es el arquero que apunta a la diana (el problema) con el deseo de dar en el centro, lugar de compromiso y equilibrio entre los muchos factores de un proyecto. El artista es otro tipo de arquero que tira la flecha conscientemente fuera del campo de tiro, con la voluntad de ir a buscarla para saber que hay más allá de los límites de lo posible. Esta actitud de prospección que hasta ahora se consideraba propia del arte es compartida por muchas disciplinas. Digamos que lo que cuenta es el grado de experimentación con el que se abordan los proyectos, la capacidad de hacer preguntas que cuestionen la realidad. ¿Puede el mundo desdoblarse en dos? Uno, que atienda a nuestra necesidad de cambio y otro, en el que perdure la esencia de lo natural. Este tipo de preguntas son transversales y pueden interesar a cualquier tipo de creador. Otro hecho a constatar es que se comparten referentes; el mundo del arte es el mismo del diseño, pero también el de la medicina o cualquier otra disciplina. Así, un trabajo en el campo de la investigación genética puede sugerir o generar respuestas en el contexto de la arquitectura. En el ámbito de las ideas parece que hay varios planos de acción, en el que los conceptos, los procesos y las tecnologías se comparten. El resultado de esta situación es la democratización de los ámbitos creativos, la superación de la supremacía del arte frente a otras disciplinas menores, de hecho, muchos artistas se están ocupando de problemas típicos del diseño y la arquitectura y no por ello son menos transcendentes. En el entorno artificial, los espacios y los objetos, observados en sus multiples conexiones pueden ser tan reveladores como una reflexión globalizadora desligada de lo próximo y cotidiano. En este sentido, el diseño también reivindica nuevas parcelas de acción, distintas a las tradicionales (diseño industrial, gráfico, interiorismo, arquitectura,…) todas ligadas a una cierta idea de producción , más o menos seriada o comercial, que por si solas son incapaces de atender problemas complejos. El diseño se interesa por las ideas y los discursos. No es una reflexión teórica al uso, sino una voluntad de crear y expresar inquietudes y preguntas. “¿ qué pasaría si…..?” Esta actitud no es nueva, de hecho estuvo en los orígenes de la disciplina, cuando tras la revolución industrial muchos pretendieron integrar arte e industria. El periplo del diseño ya comienza a ser largo y parece ser que la industria, lejos de facilitar la especulación y la experimentación, ha atendido a cuestiones más pragmáticas ligadas al mercado. Algunos colectivos de diseñadores se cuestionan esta situación y desde la independencia del creador tratan de reflexionar sobre los auténticos problemas de nuestro entorno, de las necesidades y espectativas de la gente. Sus respuestas siempre generan nuevas preguntas en un proceso en el que cada vez importa menos la identidad profesional del creador y sí su actitud inquisitiva de continua afirmación en un estado de pregunta: ¿Cuál es el papel de la creatividad aplicada en un mundo que se reinventa?